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Jorge VILLANUEVA TORRES

 
 
 
 
 

 

 

 

 


Alias: "Negro Torpedo" - "El Monstruo de Armandáriz"
 
Clasificación: ¿Asesino?
Características: ¿Violador?
Número de víctimas: 1
Periodo actividad: 7 septiembre 1954
Fecha detención: 6 días después
Fecha de nacimiento: 1919
Perfil víctimas: Niño de 3 años
Método de matar: Golpes con objeto
Localización: Lima, El Perú
Status: Ejecutado fusilamiento 12 diciembre 1957
 
 
 
 
 
 

El 'monstruo' que fue al paredón pese a las dudas

Por Katia Aguirre - Peru21.com

11 septiembre 2005

El caso del 'Monstruo de Armendáriz', acusado de violar y matar a un niño, sigue siendo un enigma. En medio del actual debate sobre la penal capital, aquí la historia.

"Es el crimen más cruel de todos los tiempos y merece ser castigado por la muerte". La Crónica, 15 de setiembre de 1954.

En la mañana del 8 de setiembre, dos jóvenes estudiantes que recorrían la quebrada de Armendáriz quedaron pasmados ante un sobrecogedor hallazgo.

El cuerpo sin vida de un niño de tres años, con huellas de haber sido golpeado en la cabeza, se encontraba en una covacha de Barranco. El horror se divulgó rápidamente por las calles. El lugar se colmó de policías, periodistas y curiosos. Un hombre de mediana estatura, delgado y de bigotes ralos se acercaba. Era el albañil Abraham Hidalgo. Desde la noche anterior estaba buscando a su pequeño hijo Julio Hidalgo Zavaleta.

Se abrió paso entre el tumulto. Ya cerca, solo su grito de dolor despertó la avidez de los reporteros y de los detectives. Era su hijo.

Al día siguiente, los canillitas voceaban titulares de los diarios que divulgaban el crimen de la quebrada. En las radios el crimen era motivo de comentarios que se repetían en buses, esquinas y bodegas.

Todos exigían a la Policía la captura del homicida. Los padres de familia temían por la suerte de sus hijos. Decenas de guardias civiles y republicanos se desplazaban por las calles barranquinas indagando y buscando una pista para dar con el criminal. Hubo redadas en bares, billares y en cantinas del hampa limeña. La población comenzó a presionar: quería un culpable.

"Era un sujeto negro y alto... me compró 20 centavos de turrón para el niño. yo lo puedo reconocer". El turronero Ulderico Salazar.

Días después, un vendedor de turrones de nombre Ulderico Salazar Bermúdez se convirtió en el principal testigo. Aseguró a los agentes que había visto a un individuo de raza negra que se llevaba al niño por la quebrada de Armendáriz.

De inmediato, numerosos individuos sin oficio fueron arrestados. Salazar, ante una decena de detenidos, apuntó a Jorge Villanueva Torres, un vago de 35 años.

Salazar declararía después a la prensa: "Logré identificarlo porque tenía un dedo torcido, como el hombre que me compró el dulce para Julito". Desde ese momento, Jorge Villanueva Torres, conocido como el 'Negro Torpedo' fue bautizado por la prensa nacional como el 'Monstruo de Armendáriz'.

"Yo he cometido muchos delitos... he sido un hombre malo... pero este, este crimen no me pertenece". Jorge Villanueva Torres.

Aunque el 'Negro Torpedo' clamó por su inocencia, ningún favor le hacían los numerosos atestados policiales que tenía por vagancia y robo. Su pasado desordenado y marginal influyó para desacreditar cualquier alegato de inocencia.

En las calles de Lima, la gente exigía que le aplicaran la pena de muerte. Hubo una manifestación pública por las calles de Barranco, donde vivían los familiares de la víctima. "Muerte para el monstruo", gritaban los vecinos.

La tarde del 14 de setiembre, un puñado de detectives informó a sus superiores que Jorge Villanueva había admitido ser el autor del crimen. Fue confinado en la Penitenciaría Central, una cárcel situada en aquel entonces en el Paseo de la República. Los diarios y las radios seguían azuzando el fuego del odio colectivo contra Villanueva. Debía morir.

"La ley es dura, pero es la ley". Leonidas Velarde Álvarez, fiscal de la Corte Suprema.

El juicio fue cubierto con amplitud por los diarios limeños. Los curiosos se agolpaban cada mañana al pie del Tercer Tribunal Correccional. La defensa de Villanueva fue asumida en el tramo final por Carlos Enrique Melgar, un joven abogado sanmarquino, que trató de demostrar que su cliente no era el culpable.

Pero el testimonio del turronero fue demoledor. Juró que Villanueva era el hombre que llevaba al niño a la quebrada.

Villanueva se defendió como pudo. Afirmó que los policías lo habían obligado a autoculparse. Nadie creyó en su palabra, pues durante la audiencia mostró ser un tipo rebelde, díscolo, conflictivo y contestón.

El 7 de octubre de 1956 fue llevado por última vez al Palacio de Justicia. Después de dos años de juicio en el Tercer Tribunal Correccional decidió emitir su fallo: la pena de muerte.

De pronto, las ventanas de la sala fueron quebradas por un golpe. Villanueva estalló en ira.

Trató de agredir a los magistrados. Fue maniatado. Luego, con voz quebrada, el sentenciando insistió en su inocencia. En diciembre de 1957 la Segunda Sala de la Corte Suprema inició la revisión de la condena. Pero todo fue inútil. Los vocales decidieron ratificar la pena.

El fallo decía a la letra: "Con inequívoca certeza de que es agente responsable de excepcional peligrosidad y conducta inmodificable se reclama la más severa sanción".

"Yo creo que el final es la hora de la verdad". Monseñor Guillermo Babilón, capellán de la Penitenciaría Central.

Al amanecer del 12 de diciembre de 1957, la sentencia iba a ser ejecutada. Miles de personas se arremolinaran ante la Penitenciaría Central. A las 5 y 25 de la mañana, cinco vigilantes arrastraron a Villanueva hasta el paredón. Fue atado a un poste de tres metros de altura. Ocho guardias lo esperaban con sus fusiles en mano. Se dice que mientras el oficial impartía órdenes marciales, el condenado exclamaba: ¡Soy inocente!

A las 5:36 de la mañana, una descarga lo silenció.

Afuera, algunas mujeres lloraban, mientras los hombres comenzaban a preguntarse si de verdad Villanueva era el temible 'Monstruo de Armendáriz'.

Cuando los reporteros preguntaron al capellán si un hombre podía mentir estando a un paso de la muerte, el religioso contestó: "Yo creo que el final es la hora de la verdad". Con estas palabras crecieron las dudas.

Días después, en una entrevista a Ulderico Salazar, el testigo más importante del proceso, el turronero dijo: "Espero que la sociedad me dé un trabajo estable para mantener a mis tres hijos".

El diario La Prensa informó que Salazar se había contradicho más de 30 veces durante el proceso. Las dudas en torno a la culpabilidad de Villanueva han dejado un sabor a remordimiento sobre la pena capital para uno de los delitos más horrendos.

 
 

El monstruo que Lima creó

HACE 50 AÑOS. Jorge Villanueva Torres, alias Monstruo de Armendáriz, fue acusado del homicidio de un niño de 3 años y murió fusilado mientras gritaba su inocencia. Hoy, las pruebas del error judicial que lo condenó son tan irrefutables como irreversible su muerte

Por Carmen Gallegos Pérez - ElComercio.com.pe

"El protocolo de la autopsia estableció que no había signos de violación; ahora, la incógnita es despejar si en realidad se trata de un crimen".

(Capitán comisario de la Guardia Civil/ El Comercio, 12 de setiembre de 1954)

El jueves 9 de setiembre de 1954 los titulares de los diarios despertaban a una Lima de apenas medio millón de habitantes, con una noticia horrenda.

El cadáver de Julio Hidalgo Zavala, un niño de 3 años y medio, fue hallado en una covacha en la zona que entonces se conocía como la quebrada de Armendáriz, zona limítrofe entre los balnearios de Miraflores y Barranco.

El cuerpo fue encontrado en posición decúbito ventral (boca abajo) y basándose en este indicio las autoridades y la prensa comenzaron a tejer la historia del "anormal" que habría violado al menor.

Así nacía un 'monstruo' que reunía todos los prejuicios y temores de una sociedad.

Las declaraciones de los vecinos a los diarios retrataron al feroz criminal: "un sujeto de estatura baja, azambado y de ojos rasgados". Inmediatamente comenzó la cacería de brujas y las autoridades detuvieron a todo individuo con estas características.

Un turronero que trabajaba en la calle Atahualpa, hoy Alberto Lafon, donde vivía la familia de la víctima, afirmó que el homicida le compró una melcocha para el niño y se lo llevó de la mano.

Una semana después los diarios exponían como el asesino a Jorge Villanueva Torres, en un escaparate mediático. "Lo han hecho confesar" aplaudía la prensa.

Y aunque según el protocolo de autopsia de la víctima nunca hubo violación, la prensa lo calificó de depravado y de violador.

"Con indicios no se condena a muerte. No hay convicción, miente el turronero. En caso de duda hay que estar a lo favorable al reo, ¡In dubio pro reo!"

(Carlos Enrique Melgar/ Abogado defensor)

Transcurrieron casi tres años de juicio cuando, a pedido de Jorge Villanueva, el abogado Carlos Enrique Melgar tomó la defensa y logró que, en solo un mes y medio, se retire el cargo de violación. Pero los magistrados, sometidos a la presión popular, lo condenaron por homicidio.

Al promediar las 5:30 a.m. del 12 de diciembre de 1957, el reo fue sacado de su celda en la Penitenciaría de Lima, situada en lo que hoy es el hotel Sheraton y el Centro Cívico.

El corazón debía latirle con fuerza mientras se acercaba esposado, descalzo y vistiendo un gastado overol azul, hasta el patio donde sería ejecutado.

Víctor Maúrtua, quien se desempeñaba como médico legista durante el caso, presenció la ejecución. Incluso le colocó "la escarapela", un pedazo de cartón cubierto con un trapo negro en la zona del corazón como guía para sus verdugos.

En ese cartón, que conserva hasta hoy, quedaron los orificios de dos balas.

"Me llamó la atención que hasta el último momento insistiera en su inocencia. Pedí el expediente del caso y me dijeron que estaba perdido. Pero logré conseguir el protocolo de autopsia y no hay evidencias que prueben el crimen", advierte Maúrtua.

LA "MONSTRUITIS" DE LIMA

En su niñez Jorge Villanueva fue un "pájaro frutero". Así se llamaba en esa época a los niños ladrones o "pirañitas" de hoy. En su juventud, un ladronzuelo que hacía de las suyas en los tranvías, atiborrados de gente, que surcaban Lima. A sus 35 años ya había pisado la cárcel y era conocido como vago y ladrón de poca monta en las comisarías.

Para Manuel Jesús Orbegoso, periodista que siguió el caso, a Villanueva se le juzgó más por negro, vago y ladrón que por asesinar a un niño. "Lo peor de las ejecuciones que he presenciado es no tener la certeza de que el reo era culpable. Lo mismo ocurrió con el monstruo de Cajamarca, Udilberto Vásquez Bautista, ejecutado en 1970 por violar y asesinar a una pastora. Se convirtió en un santo popular."

Víctor Maúrtua ensaya una teoría para la desgracia de Villanueva en su libro "La pena de muerte y los delitos de violación": Villanueva fue víctima de la "monstruitis", un fenómeno que se difunde a través de los medios de comunicación, creadores de seres siniestros que aterrorizan a la sociedad y la hacen clamar por la aplicación de una terapéutica radical: la pena de muerte.

El infortunio persiguió a Villanueva hasta después de su deceso. En 1996, un periodista de este diario buscó su tumba en el cementerio Presbítero Maestro, en el distrito de El Agustino.

Descubrió que sus restos tuvieron que ser incinerados por falta de pago en 1964.

Su historia dio origen a un mártir entre los presos, una canción y una película, pero a pesar de todas las pistas de su inocencia, nunca dejaron de llamarlo Monstruo.

 
 


Jorge Villanueva es doblegado por dos policías después de que intentara quitarse la vida. El ‘Monstruo de Armendáriz’ perdió el control al oír que sería fusilado.

 

 

 

 

 
 
 
 
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