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Orlando MAGAÑA DORANTES

 
 
 
 
 

 

 

 

 
 
 
Clasificación: Asesino en masa
Características: ¿Robo? - ¿Drogas?
Número de víctimas: 7
Periodo actividad: 15 noviembre 2002
Fecha detención: 1 diciembre 2002
Fecha de nacimiento: 1977
Perfil víctimas: Cinco miembros de la familia Narezo Loyola y dos empleadas domésticas
Método de matar: Arma blanca / Arma de fuego
Localización: México, D. F., México
Status: Condenado a 384 años de prisión 25 noviembre 2003
 
 
 
 
 
 

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Cayó Orlando Magaña; la PGJDF, tras su cómplice

Fue detenido por judiciales el sábado - Estaba escondido en la casa de unos parientes - Pretendía viajar otra vez al estado de Morelos

Susana González G. - La Jornada

México D.F. Lunes 2 de diciembre de 2002

Con preguntas sin responder o explicaciones a medias sobre el asesinato de la familia Narezo Loyola y dos empleadas domésticas, por "el sigilo de la investigación", la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) presentó ayer a Orlando Magaña Dorantes como probable responsable del crimen y dio a conocer el nombre y la identidad de su cómplice: Jorge Esteban o Esteva, vendedor de autopartes que hacía negocios con el jefe de la familia ultimada.

En conferencia de prensa convocada ex profeso, Bernardo Bátiz, titular de la PGJDF, y sus colaboradores Renato Sales y Guillermo Zayas insistieron en que el robo fue el móvil del séptuple asesinato ocurrido hace quince días en Tlalpan, pues hasta el momento no existen líneas de investigación que apunten hacia el narcotráfico o la venta de vehículos robados.

Aclararon que Magaña Dorantes y Esteban o Esteva -el nombre no fue proporcionado con precisión por el detenido, aclaró el procurador- ingresaron a la casa de Cuitláhuac 186, colonia Toriello Guerra, con la intención de robar, pues suponían que los propietarios no se encontraban, pero como el hijo mayor de la familia, Ricardo Narezo Loyola, identificó a Orlando, entonces los mataron.

Magaña Dorantes fue capturado el sábado pasado por la Policía Judicial (PJ) sin que existiera negociación de su familia para entregarlo: "Se le tenía ubicado y él decide salir del domicilio donde se encontraba, sin resistencia", dijo Zayas.

Sobre Esteban o Esteva se informó que se trata de un sujeto de entre 23 y 24 años de edad, 1.70 de estatura, delgado, piel morena clara y cabello ligeramente ondulado y corto. Tiene cara y mentón ovalados, cejas semipobladas, ojos oscuros, nariz ancha, labios pequeños y, como característica particular, manchas de paño en el rostro.

De robo a homicidio múltiple

Magaña Dorantes y Esteban o Esteva "llegaron a la casa de los Narezo a las siete de la noche del 15 de noviembre con la intención de robar, ya que suponían que sólo se encontraban las dos trabajadoras domésticas.

"Jorge tocó el timbre de la casa y como las muchachas lo cono-cían le abrieron la puerta, pues les dijo que iba a entregar unas refacciones al señor Narezo Benavides; pero con él entró Magaña Dorantes, quien se cubrió la cabeza con una máscara de luchador.

"Iban a sacar lo que querían y se retiraban, pero finalmente no se pudo porque llegaron más ocupantes de la casa y (Magaña Dorantes) se ve descubierto cuando alguien de la familia le quita la máscara y le dice: Orlando, ¿qué haces aquí?, explicó Zayas.

"Quien forcejeó con Magaña Dorantes hasta arrancarle la máscara fue Ricardo Narezo Loyola, hijo mayor de la familia y amigo suyo desde hacía diez años", dijo Renato Sales.

"Frustrados sus planes originales los ladrones sometieron al joven Ricardo, a sus padres y a su hermana Diana, de diez años, a las dos empleadas y al amigo de Ricardo, Juan Pablo Quintana -sobreviviente del crimen-, pero como faltaba la otra hija de la familia, Andrea, decidieron que uno de los dos la recogería de la casa que visitaba junto con su hermano mayor. Todo para evitar más testigos, pues Andrea regresaría a su casa con dos amigas más y evidentemente iban a percibir que algo sucedía en la casa", afirmó Sales.

Según Zayas, Magaña Dorantes negó haber ingerido droga o alcohol el día del crimen, pero Bátiz acotó: "nosotros pensamos que sí había droga en ellos. Así le parece también al testigo, pero vamos a determinar eso más adelante".

Cinco horas y media después de haber ingresado a la casa de los Narezo Loyola, es decir, a las 12:30 horas del sábado 16 de noviembre, el par de delincuentes abandonó la casa en el automóvil de sus víctimas, llevando consigo tarjetas de crédito, dinero en efectivo, la factura "endosada" del coche para poder venderlo, luego de haber buscado varios "papeles" en la casa, y un celular.

Lo que no se dijo

Nada informaron el procurador y sus colaboradores sobre dónde fue capturado Magaña Dorantes, ni siquiera proporcionaron el número de agentes que participaron, al argumentar que la averiguación debe mantenerse en reserva para capturar al cómplice.

Magaña Dorantes fue detenido a las 18 horas del sábado en el oriente de la ciudad -trascendió que en Iztapalapa- donde permanecía escondido en casa de un pariente y pretendía salir a Morelos, estado al que viajó días después del crimen. Una vez asegurado fue llevado a la sede de la PGJDF, en la colonia Doctores, donde rindió su declaración desde las ocho de la noche del sábado hasta las cuatro de la mañana del domingo.

Sobre el dinero sustraído con las tarjetas bancarias, se informó que el monto total ascendió a 6 mil pesos, obtenidos en dos retiros la noche del crimen. Del celular se sabe que Magaña lo utilizó varias veces después de los hechos, por lo que comenzó a ser rastreado por la PJ.

 
 

A dos años del multiasesinato de Tlalpan

Santos Mondragón - Noticieros Televisa

Ciudad de México, México, nov, 19, 2004.

Es uno de los crímenes con mayor impacto en la historia delictiva en México.

El 15 de noviembre del 2002, en una casa ubicada en la colonia Toriello Guerra del Distrito Federal fueron hallados los cuerpos de cinco miembros de la familia Narezo Loyola y dos empleadas domésticas.

Los homicidas sometieron y amordazaron a las víctimas, posteriormente, fueron ejecutadas una por una.

Cinco fallecieron al ser degolladas, dos más, por disparo en la cabeza.

Los homicidas robaron un vehículo, la factura, dinero en efectivo y tarjetas de crédito.

Sin embargo, cometieron un error.

Dejaron un sobreviviente.

Juan Pablo Quintana, amigo de la familia Narezo Loyola, fue dado por muerto.

Sobrevivió para convertirse en el único testigo de la masacre.

Informó que uno de los asesinos era vecino de las víctimas.

Orlando Magaña, de 25 años de edad, con instrucción de preparatoria, dedicado al comercio y adicto a la cocaína, fue señalado como el autor material de los siete homicidios.

Con la ayuda de un cómplice, conocido como Jorge Esteva o Esteban planeó el robo.

El uno de diciembre del 2002, dos semanas después del multihomicido fue detenido Orlando Magaña Dorantes.

Tres fueron las pruebas que lo hundieron.

Primero el testimonio del único sobreviviente, Juan Pablo Quintana.

Segundo, una prueba de ADN relacionó a Orlando Magaña con los asesinatos.

Sangre hallada en una lavadora localizada en la casa del multihomcida pertenecía a una de las víctimas.

La tercera prueba, Orlando Magaña declaró que nunca ingresó a la habitación donde se cometieron los siete homicidios.

“Se encuentra la huella de un tenis en el segundo piso sobre la sangre de una de las victimas, absolutamente demostrado que es su tenis”, comentó Renato Sales Heredia, subprocurador de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal.

El 26 de noviembre del 2003 Orlando Magaña fue sentenciado a 384 años y cuatro meses de prisión y, el pago de 253 mil pesos como reparación de daño.

El homicida fue internado en el Reclusorio Oriente de la Ciudad de México, no se le permitía contacto con los internos y era vigilado con cámara las 24 horas del día.

El pasado 24 de agosto fue trasladado al Penal de Máxima Seguridad de Puente Grande, Jalisco, las autoridades argumentaron su alto perfil criminal.

Del cómplice, Jorge Esteva o Esteban, poco o nada se sabe.

El 23 de diciembre del 2002, ocho días después del mutihomicido, fue hallado en el municipio de Amecameca, estado de México, el cuerpo calcinado de un hombre que podría ser Jorge Esteva o Esteban, Juan Pablo Quintana, único testigo, le encontró parecido físico.

“Ya estuve en contacto con el y nos habla de un gran parecido con la persona que vio en el lugar de los hechos”, comentó Guillermo Zayas, fiscal de homicidios de la PGJDF, el 26 de febrero de 2003.

La Procuraduria de Justicia del Distrito Federal no tiene los suficientes elementos para afirmar que se trata del cómplice.

El cuerpo se envió a la fosa común.

Orlando Magaña no ha aportado mas información sobre el hombre que le ayudó a cometer el crimen.

 
 

El narco, atrás del caso Narezo

por: Ariel Velázquez

150 kilos de coca y 7 millones de pesos, el móvil

El auténtico móvil del multihomicidio de la familia Narezo Loyola y sus dos empleadas domésticas fueron 150 kilos de cocaína y 7 millones de pesos que le robaron a un narcotraficante de Nuevo León cuya identidad no ha sido revelada.

Por consiguiente, tan frágil como el vidrio parece la versión oficial de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal: Los asesinos entraron a la casa de Tlalpan con el único fin de robar pero, al encontrarse a las siete personas, las asesinaron.

El caso Narezo se debate entre numerosas contradicciones. Hay más preguntas que respuestas.

Fuentes policiacas bien informadas, consultadas por Bajo Palabra, revelan que el policía federal Gerardo Magaña; su sobrino, el multihomicida Orlando Magaña Dorantes; el testigo sobreviviente Juan Pablo Quintana Calles y Ricardo Narezo Loyola, hijo de Ricardo José Narezo Benavides, vestidos con uniformes negros como si estuvieran realizando un operativo, acudieron a una casa de Coyoacán a robar la droga, que escondieron en el taller de la familia victimada.

El cargamento sería enviado a Nuevo Laredo, Tamaulipas.

De acuerdo con nuestros informantes, Ricardo José Narezo Benavides, quien contaba con 59 años de edad, adaptaba automóviles de lujo para ocultar la cocaína y, así disimulada, introducirla a Estados Unidos en la frontera antes referida.

Esa tarea le resultaría fácil a Narezo Benavides, quien durante años se dedicó a restaurar vehículos de colección.

Otros dos miembros de la banda, conocidos como El Zindy y El Charly, también participaron en el robo del cargamento de droga, mismo que la familia Narezo intentó hacer perdedizo.

De resultar verídica esta hipótesis, los investigadores entenderían la saña que emplearon los asesinos. Las víctimas fueron torturadas para que dijeran dónde estaba la cocaína.

Asimismo, se asegura que la mafia de las drogas obligó a Jorge Magaña Vázquez, excomandante de la policía federal, a entregar a su hijo Orlando para frenar las investigaciones sobre un cargamento “extraviado” de 150 kilos de cocaína.

Parte del alijo fue cargado en un automóvil Jetta, al que se le sustrajo el asiento trasero para acomodar la droga.

De la misma forma, se dice que el “cómplice” Jorge Esteban es un enviado del narco colombiano, el cual tenía la orden de aplicarle a toda la familia Narezo la corbata colombiana. Es decir, degollarlos por no cumplir con lo pactado.

Según testimonios de vecinos hechos a esta revista, los Narezo tenían en su casa una importante colección de obras de arte, que incluía cuadros originales de pintores famosos (entre otros, de Van Gogh y Picasso). Se considera que los ingresos económicos de Ricardo José Narezo Benavides como restaurador de autos de colección, no eran tan elevados como para permitirle la adquisición de tan valiosas piezas artísticas.

Inocencia y dolo

El procurador Bernardo Bátiz Vázquez y el director de la Policía Judicial capitalina, Damián Canales Mena, han dejado mucho que desear. Bátiz, por su inocencia, y Canales Mena porque seguramente, se dice, maneja este caso con una doble intención.

Una afirmación sin duda razonable: El comandante encargado de la investigación es Rafael Tuxpan Texcocano, al parecer íntimo amigo de Jorge Magaña Vázquez, padre de Orlando, el presunto autor material de los asesinatos.

Inclusive se comenta que el multihomicida pudo haber asesinado a su cómplice, Jorge Esteban.

También se dice que el único sobreviviente de la matanza, Juan Pablo Quintana Calles, pudiera estar involucrado. De ser así, estaría ocultando información. En todo caso, es difícil creer que Orlando y Jorge Esteban, solos, hayan matado a los cinco miembros de la familia y a las dos trabajadoras domésticas. Nuestros informantes piensan que por lo menos cuatro sujetos participaron en la carnicería.

Tampoco es lógica la versión oficial de que Ricardo Narezo Loyola, de 20 años, en compañía de Orlando Magaña fue a recoger a su hermanita Diana de diez años a una fiesta, para regresar a que los asesinara Orlando. El joven hubiera tenido la oportunidad de ponerse a salvo con Diana y avisar a la policía que sus padres y la otra hermana se encontraban en peligro.

Miente la PGJDF

Un dato por demás relevante es que el comandante de la Fiscalía de Asuntos Especiales, Ignacio Perales, quien tuvo el mismo grado en la Policía Judicial Federal, a solicitud de Angélica Dorantes, madre del multihomicida, pasó a recoger a Orlando en un hotel de la ciudad de Puebla, para entregarlo en la ciudad de México a la Fiscalía de Homicidios de la Procuraduría capitalina.

De entrada, la Procuraduría miente cuando dice que Orlando fue arrestado. La verdad es que lo entregó su familia.

Otro dato que despierta aún más suspicacias es el de que los tíos del homicida, Pedro y Gerardo Magaña Vázquez, conocidos como Los Hermanos La Maña, quienes están adscritos a la Subdelegación Metropolitana de la Agencia Federal de Investigación (AFI), no asisten a la oficina por órdenes de su superior, el comandante Rafael Contreras.

El homicidio múltiple que conmovió a la sociedad ocurrió en la casa número 186 de la calle de Cuitláhuac, colonia Toriello Guerra, perímetro de Tlalpan, la noche del pasado 15 de noviembre. Desde entonces han ingresado al inmueble policías y peritos, así como otras personas que afanosamente buscan el clavo, como en el argot del hampa se dice a los escondites. En este caso, al sitio donde Ricardo Narezo padre pudo haber ocultado una importante cantidad de estupefacientes, principalmente cocaína, y miles de dólares.

Incluso, en días posteriores al homicidio amaneció la casa con las luces prendidas.

Y había un zapato en la entrada de la residencia.

***

Conforme a diversas versiones policiacas, Narezo padre pudo haber utilizado varios autos para introducir droga a Estados Unidos o, en su defecto, usar los automóviles de colección que restauraba para traer a México cientos de miles de dólares, producto de actividades ilícitas.

Sobre la “desaparición” del “único” cómplice, Jorge Esteban, existen tres hipótesis:

1. Es un invento del multihomicida Orlando Magaña.
2. El padre y los tíos de Orlando asesinaron a Jorge Esteban.
3. El presunto colombiano huyó a Sudamérica.

El juez 61 penal del fuero común adscrito al Reclusorio Oriente, Rogelio Antolín Magos Morales, quien el 5 de diciembre pasado le dictó el auto de formal prisión a Orlando Magaña Dorantes, deberá profundizar en la investigación, ya que vecinos de la colonia Torriello Guerra aseguran que el inculpado es un asiduo consumidor de drogas.

Otro dato: La cinta canela que llevaban consigo Orlando y su o sus cómplices tenía como objetivo evidente el de maniatar a las víctimas y, así, asesinarlas con facilidad.
Por tanto, nunca tuvieron el propósito de cometer un simple robo.

También llama la atención la saña empleada por los asesinos en contra de los Narezo.
Al respecto, el director del Servicio Médico Forense, José Ramón Fernández Cáceres, afirmó que nunca había visto crímenes tan violentos.

Entretextos

-- Jorge Esteban, un enviado del narco colombiano. Tenía la orden de aplicarle a los Narezo la corbata colombiana: Degollarlos por incumplir un pacto.
-- Ricardo Narezo padre adaptaba autos de lujo para ocultar la coca e introducirla a EU.
-- La mafia obligó a Jorge Magaña Vázquez a entregar a su hijo Orlando para frenar las pesquisas sobre 150 kilos de droga.


  


 

Dan 384 años de prisión a Magaña

Por los siete homicidios ocurridos en el domicilio de la familia Narezo Loyola

26 noviembre 2003

Notimex.-México.- El titular del Juzgado 61 de lo penal, con sede en el Reclusorio Preventivo Oriente, Rogelio Antolín Magos Morales sentenció a 384 años de prisión a Orlando Magaña por los siete homicidios ocurridos en el domicilio de la familia Narezo Loyola.

El juez de la causa determinó que el Ministerio Público capitalino entregó los elementos probatorios suficientes para considerar penalmente responsable a Orlando Magaña de los hechos registrados el 15 de noviembre del 2002.

Además del delito de homicidio calificado, a Orlando Magaña se le sentenció por el delito de tentativa de homicidio en perjuicio de Juan Pablo Quintana Calles.

Aún cuando la autoridad dictó una sentencia de 384 años de cárcel, el acusado sólo purgará 50 años, toda vez que así lo establece el Código Penal del Distrito Federal.

Orlando Magaña se presentó a la rejilla de prácticas para escuchar la sentencia y donde también se le notificó que cuenta con el plazo de ley para interponer el recurso de apelación ante el Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal.

 
 


 

Entre La Biblia y a sangre fría: Orlando Magaña

El 15 de noviembre de 2002 fue perpetrado uno de los crímenes más espeluznantes en la capital. Cinco miembros de una familia y dos empleadas domésticas fueron asesinados en Tlalpan. El presunto culpable, un joven de 25 años, vecino de las víctimas.

RAÚL GARCÍA ARAUJO
El Universal
Viernes 14 de noviembre de 2003

Después de que lo arrestaron, acusado de asesinar sin pudor alguno a toda la familia Narezo Loyola, Orlando Magaña Dorantes empezó a leer La Biblia.

En la zona 3, estancia 13, del Reclusorio Oriente, Orlando repasa cada uno de los poco más de 30 mil versículos, como si quisiera expiarse a sí mismo. Al verlo, uno pensaría que es de esos extremistas religiosos. Pero sus amigos no lo recuerdan así, mucho menos con un libro. Este hombre que espera la sentencia del juez 61 de lo penal, era de esos que parrandeaba en El Yuppis y en El Freedom de Insurgentes; que escandalizaba en La Vitrola; que se jactaba, junto con su inseparable Omar, de ser hijo de un judicial en las discotecas El Manicomio y El Menagge; que lucía su 9 milímetros cada vez que llegaba a recoger a su novia Diana a la Unitec, universidad en la que él también estaba inscrito, pero que por esas cosas de la diversión quedó al final de sus prioridades.

Nunca con un libro bajo el brazo, y ahora lee La Biblia.

Y desde hace tres días tiene otro libro: "A Sangre Fría", de Truman Capote.

Lo ha escudriñado tanto que pregunta al reportero: -¿Y esto qué es? -dice con esa voz áspera, endurecida por la palabrería policiaca que ha escuchado siempre de su padre.

-Es la historia de dos jóvenes que asesinaron a toda una familia. La prensa ha relacionado tu caso con este libro.

-Mmm, pues no me gusta hablar de eso. Mucho menos con extraños. No te conozco -y, desnudo, se reincorpora del camastro de su celda, el cual tiene la apariencia de una capilla: colgando de una de las paredes está la imagen del Sagrado Corazón de Jesús. Y en la otra, el Cristo vapuleado y crucificado.

Y tiene razón: no habla. "Bien" dijo su abogado Roberto Rivera, "si quieres entrevistar a Orlando, afloja 250 mil pesos y te lo pongo en suerte. Y apúrale, porque muchos quieren la exclusiva". Ya habrá otros que negocien con el defensor. A uno sólo le resta aprovechar la oportunidad de llegar a su celda y verlo, eso sí, con ese su rostro que irradia desprecio.

-¿Oye, Orlando, conoces a "El Mofles", a "El Cindy", y a "El Chuchín"? Ellos dicen que son tus amigos y nos hablaron de ti.

-Casi no los conozco, casi no- responde Orlando quien está obsesionado por identificar al reportero que lo ha importunado.

-¿Y a Omar Olivos, lo conoces?

-A él sí, es mi amigo, mi cuate. ¿Pero quién eres tú, güey? No te conozco y ya no quiero hablar más contigo.

Orlando en realidad no quiere hablar. Y se vuelve a tumbar al camastro. "A Sangre Fría" no le es indiferente. Lo observa. Lee algunas líneas de la síntesis de la contra portada. "El 15 de noviembre de 1959, en Holcomb, un pequeño pueblo de Kansas, la familia Clutter apareció muerta: habían sido atados y acribillados por desconocidos. Esto sembró la paranoia en el lugar y atrajo a todos los medios de comunicación. Los asesinos serían Perry Smith y Dick Hitckock, dos sicópotas que finalmente fueron capturados y condenados a la pena de muerte".

Quizá porque los Narezo Loyola fueron asesinados también un 15 de noviembre y con la misma brutalidad que los Clutter, es que Orlando voltea y dice: -Quizá después de leer el libro hablemos, gracias.

Una infancia común

De tres hermanos, él es el único hombre y el mayor; le siguen Brenda y Gina.

Vecinos de la colonia Toriello Guerra recuerdan que a principios de los 90, la familia Magaña llegó a la casa 178 de la calle Cuitláhuac, en Tlalpan.

A la edad de siete años Orlando, según algunos de sus profesores, reprobó el segundo grado y concluyó la primaria con promedio bajo. Eso provocó que fuera inscrito a una escuela militarizada, donde le saltó la idea de estar siempre del lado de los "buenos" para combatir a los "malos".

Soñó con convertirse en judicial federal al igual que Jorge (su padre), Pedro y Gerardo (sus tíos), vestir como ellos: chamarra y gorra con emblemas de esa corporación, botas vaqueras, pistola al cinto adornado con una hebilla repujada en plata.

Entrenó tae kwan do durante 12 años en un gimnasio de la avenida San Fernando, pero a decir de sus conocidos, nunca fue destacado en la escuela, y faltaba frecuentemente, lo mismo a la secundaria que a la escuela preparatoria.

La vida cambió

En Iztapalapa, donde nació, Orlando fincó los cimientos de su actividad delictiva, pues a pesar de que en la zona de Tlalpan ya llevaba 12 años viviendo, nunca dejó de ver a "El Mofles", "El Cindy" y "El Chuchín", quienes lo acompañaban a extorsionar a los dueños de las tienditas de droga.

"El Mofles" y "El Cindy" son buscados por la Procuraduría capitalina, por estar vinculados con diversos delitos, entre ellos, el robo de autos. A "El Chuchín" las autoridades no han podido comprobarle nada, pero lo tienen ubicado.

Para los vecinos de la calle Froylán Manjarrez, en la colonia Constitución de 1917 de Iztapalapa, era común ver a Orlando y "sus cuates" sin hacer nada.

A diario vagaban en la tienda de don Pedro, en contraesquina de la calle Froylán Manjarrez, donde jugar maquinitas, beber cerveza y alcohol así como echar "desmadre" eran sus principales actividades.

La universidad

Omar Olivos, su más cercano amigo, fue quien lo convenció de que entrara a estudiar a la Universidad Tecnológica (Unitec) para que hiciera de su vida algo productivo.

Omar estudia Derecho en el plantel de Ermita y cada que Orlando iba por él a la escuela le decía que entrara. Fue tanta su insistencia que logró convencerlo, pero los resultados no fueron buenos.

En los archivos de la Unitec se tiene el reporte de que en enero de 1999 Orlando se inscribió; sin embargo, nunca fue a clases, nunca entregó la documentación oficial para que se acreditará como alumno, lo único que hizo fue pagar la inscripción, y aún adeuda 10 mil 127 pesos y seis materias que nunca cursó.

De acuerdo con el testimonio de Omar, en poder de la PGJDF, Orlando llegaba por Diana, una joven rubia a bordo de su Ford Escort 1999 color guinda. Iba a la escuela siempre armado "por si se ofrecía algo". Su novia fue una destacada estudiante que además de cumplir con sus tareas escolares, encontró un empleo, en el que ponía a prueba sus conocimientos como abogada. El amor entre Orlando y Diana no termina. Ella aún lo visita en la cárcel.

La envidia

Su amigo Omar logró lo que él nunca pudo. El amigo ingresó en enero de 2001 a la PGR a tomar un curso como agente federal de investigación, eso le dolió mucho, pues a Orlando sólo le quedó portar las chamarras y gorras de la corporación policiaca a la que pertenecían su papá y sus tíos.

La amistad entre ambos se fue perdiendo y Orlando se fue alejando y guardando resentimiento por no poder hacer de su vida algo productivo.

Los Magaña

"Los Magaña eran cabrones; a cualquier plaza que llevaban la levantaban", platica un ex agente federal que prefiere el anonimato.

Él acompañó al padre y los tíos de Orlando en varias ocasiones, a los operativos que les encomendaban en todo el país.

El ex federal recuerda que cuando había un enfrentamiento entre narcotraficantes, los Magaña "nunca se abrían de huevos" y con sus R-15 se disputaban el todo por el todo, pues la lucha era para sobrevivir.

Dice que Pedro, uno de los tíos, es primer comandante de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) en Hidalgo; Gerardo es segundo comandante en San Luis Potosí y Jorge, el papá, no está en activo por no haber aprobado un antidoping.

"Siempre le dieron duro al narcotráfico; son cabrones y no se rajan, ni les tiembla la mano para capturar a un delincuente".

Los Narezo

El señor Ricardo Narezo vivía para el pasado. Sentía un especial delirio por los clásicos, por devolverles lo que habían perdido. Recuperar la elegancia era su fuerte. Como restaurador de autos de colección, era bueno como pocos.

Podía levantar del abandono o del descuido lo mismo un Alfa Romeo que un Mercedes Benz 300 SL "Alas de Gaviota" o un oxidado Jaguar.

Fue un hombre, que con 50 años, 30 se los dedicó al arte de reparar los automóviles que llegaban a su taller ubicado en la calle Extremadura, en la Insurgentes Mixcoac. Varios de sus trabajos fueron expuestos en el Museo del Automóvil.

Su esposa Diana, quien tenía 46 años, trabajaba como maestra de inglés en una escuela privada de Tlalpan.

Eran de los que acostumbran poner a los hijos el nombre de los padres: Ricardo, de 20, Andrea de 13 y Diana de 10, conformaban la familia.

Las entradas económicas de los Narezo les permitían contar con el servicio de dos empleadas domésticas: Margarita, de 25, y Cecilia, de 17; una para la cocina y la otra para la limpieza.

El día fatal

Quizá doña Emelia, una vecina, fue la única persona que vio ese día a Orlando Magaña y a Jorge Esteva (o Esteban) platicar en la esquina de las calles de Tlamixcle y Cuitláhuac en la colonia Toriello Guerra.

Orlando y su cómplice se perdieron en la ciudad y por la tarde, cerca de las 14:00 horas, se reunieron en la tienda de don Pedro para tomar cervezas.

Bajo los efectos del alcohol, Orlando tomó la decisión de ir a robar a la casa de sus vecinos, porque sabía que el trabajo que desarrollaba don Ricardo Narezo le dejaba ganancias que rebasaban los cien mil pesos por auto.

Vino la tarde, el reloj marcaba las 17:00 horas, Orlando y su cómplice ya borrachos se obsesionaron con la idea de tener dinero e irse lejos.

Tocaron el timbre de la calle 186 de Cuitlahuác y una de las sirvientas lo reconoce: es el joven de la casa 178.

Abrió la puerta y entraron. Amarraron con cinta canela a la señora Diana, a su hija que llevaba el mismo nombre y a las dos empleadas domésticas.

La declaración del único sobreviviente de los hechos, Juan Pablo Quintana, es de terror.

Esa tarde el señor Narezo, su hijo Ricardo y Juan Pablo, amigo de su hijo, salieron del autodromo Hermanos Rodríguez. Comieron en la Fonda 99 de la calle Moras, en la Del Valle.

Ahí, se despidieron y mientras don Ricardo fue a su taller a entregar un auto, ellos se enfilaron a casa de los Narezo en un Jetta.

Al entrar a su casa, Ricardo se sorprendió y discutió con Magaña: "qué haces aquí Orlando, por qué tienes amarradas a mi mamá y mi hermana".

El hijo del judicial contestó: "No la hagan de pedo cabrón y muévete que también te voy amarrar a ti y a Juan Pablo".

Las dos muchachas de servicio se hallaban en el piso recostadas de lado amarradas de pies y manos.

Magaña y su cómplice llevaron a sus víctimas a la recámara principal que se ubica en la primera planta de la casa.

Orlando pidió los papeles del Jetta, pero no los consiguió. Decidió entonces esperar a que regresará don Ricardo.

Medio hora después el padre de familia entró a su casa y de inmediato fue amagado; sus captores cortaron los cortineros para atarlo.

La televisión estaba a todo volumen. Orlando insistió en que si le entregaban los papeles del Jetta y dinero, él se iba.

Los papeles fueron arrojados sobre la cama y Orlando obligó a don Ricardo a que firmará la factura.

Las cosas se complicaron cuando Orlando preguntó por Andrea, la otra hija.

"No está, fue a una fiesta con una amiga", contestó la señora Diana.

Eso lo enloqueció y entonces desató a Ricardo hijo para tomar tres tarjetas de crédito y emprender el camino en busca de la niña.

"No hagas nada cabrón porque si no, tu familia se muere", dijo Orlando a su joven víctima.

En la casa, la familia trataba de convencer al cómplice de Magaña de que abortara el plan. Él no supo qué hacer. Todo estaba fuera de control y con el arma de Orlando los amenazaba.

Al regresar, Orlando ató a Andrea y a Ricardo hijo.

Después platicaron los dos delincuentes: "qué hacemos con ellos, qué hacemos, nos conocen, qué hacemos".

El perro labrador de la familia no dejaba de ladrar. Orlando iba de un lado a otro pensando qué hacer. Las niñas gritaban, "nosotros que les hicimos, ya lárguense".

"No hay otra opción", dijo Orlando a su cómplice, "uno por uno hay que llevarlos arriba".

Magaña, de 1.78 de estatura, subió a don Ricardo primero y a los pocos minutos bajó desesperado. En su declaración comentó que el señor se estaba poniendo loco.

Subió nuevamente y en la habitación encontró un bate de beisbol, se escuchó una discusión y de pronto le dio un golpe certero al señor Narezo en el costado derecho, uno más, otro, otro hasta que terminó con su vida. La sangre salpicó las paredes y corrió por el suelo, pero Orlando tuvo cuidado de no pisarla.

Luego bajó por la señora Diana, luego Ricardo, siguieron las niñas y terminó con las dos muchachas de servicio.

Pero sin darse cuenta Orlando pisó la sangre con sus tenis Nike y dejó una huella en la cama.

Del arma de Orlando salieron tres tiros, el que quitó la vida a la señora Diana, a Ricardo hijo y uno más para Juan Pablo Quintana.

A sus demás testigos los eliminó con un cuchillo que encontró en la cocina.

Manchado de sangre, bajó por su última víctima: Juan Pablo Quintana.

Su cómplice gritó, "¡no, ya a la chingada!" y con un cojín en la mano izquierda Orlando tapó el rostro a su víctima y con el arma en la mano derecha, dijo, "ya Juan Pablo voltéate" y un último disparo se escuchó...

El robo terminó, siete personas sin vida y un herido el saldo.

La huida y la captura

Eran las 23:24 horas. Orlando tomó el celular de la señora Diana y se comunicó a la casa de su tía Alejandra Magaña; le contestaron brevemente.

A las 23:52 horas, telefoneó a su tía Elizabeth Magaña. La llamada duró sólo tres minutos. El reloj marcaba las 23:58 horas y Orlando hablaba a la casa de su novia Diana: "Me disgusté con mi papá y me voy de mi casa, voy a quedarme en un hotel".

Estas tres comunicaciones bastaron para que agentes de la Procuraduría capitalina dieran con él.

A primera hora del 16 de noviembre del 2002, Orlando y su cómplice salieron a bordo del Jetta con celular y las tres tarjetas de crédito.

Orlando, según las primeras investigaciones , abandonó a su cómplice en Periférico a la altura de Cuemanco.

Pasó la noche en un hotel de paso de la calzada de Tlalpan.

Al siguiente día, le habló a su novia para citarla en Plaza Oriente, donde la chica compró dos celulares.

Tomó uno para ella y el otro para su novio, aunque las averiguaciones señalan que ella se va "porque no lo quiere ver más".

Más tarde, ya con celular nuevo, Orlando decide ir a Iztapalapa por su amigo "El Chuchín" y comprar tres botellas Azteca de Oro y de ahí a la avenida López Mateos en Neza, donde contrató mariachis y los llevó a Paseos de Churubusco, a casa de Diana.

Con la serenata se reconciliaron y pasaron unas horas en el hotel de Tlalpan, donde dejó más huellas de su crimen con sus tenis Nike.

Reconciliados, el domingo 17 de noviembre viajaron a Tequesquitengo. Por la tarde regresaron al DF; él la dejó en Paseos de Churubusco y el Jetta lo llevó al estacionamiento de un centro comercial y pasó la noche en el hotel Apatlaco.

De ahí la huida. De Veracruz a Chachalacas, a Tapachula, para terminar en un hotel en Guatemala.

Las llamadas a su familia son constantes y piezas importantes para que den con él.

Su padre envió el 19 de noviembre una carta al procurador Bernardo Bátiz, sin saber siquiera que con ello confirmaba los datos de los detectives, de que su hijo era responsable en la muerte de la familia Narezo Loyola y dos empleadas domésticas.

En el hospital, Juan Pablo Quintana, con mucho esfuerzo desliza el lapicero sobre el papel y escribe "Orlando Magaña".

El cerco se fue cerrando y sin más escapatoria Orlando es detenido el 30 de noviembre, mientras caminaba hacia la casa de sus abuelos en Iztapalapa

Un año después

En su pequeña estancia Orlando espera su sentencia. Su principal confidente es un celador que apodan "El Chocolate", quien lo describe como un joven de pocas palabras.

Orlando, quien siempre anheló convertirse en policía judicial, tendrá en su recuerdo aquella llamada, donde uno de sus familiares le dijo: "Ya nos diste en la madre Orlando, a tu papá y a tus tíos".

 

 

 
 
 
 
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